PRÁCTICA BASADA EN LA EVIDENCIA

oferplan-fisun-300712

SEGUNDA PARTE

Dr. Victor Omar Castellanos Sánchez

Recientemente he escuchado comentarios acerca de la intervención terapéutica basada en la experiencia clínica de ciertos trabajadores de la salud, donde decían que “La práctica basada en la evidencia apesta, llámalo como quieras pero no deja de ser un tanteo, no hay exactitud porque no hay control y punto.”

Este comentario resulta interesante por diversas razones, en primer lugar el concepto de tanteo, el cual la Real Academia de la Lengua define como “algo realizado a ojo, a bulto, sin peso ni medida”; entonces, en dicho argumento suponen que la práctica basada en evidencias (PBE) es simplemente un juego de ensayo y error donde el practicante inventa una dosis para obtener algún resultado, casi como preparase una taza de café añadiéndole agua y azúcar hasta que quede al gusto del comensal, que no es necesariamente el mismo gusto de todos.

Nada más alejado de la realidad, empecemos por definir la PBE: si se recuerda de comunicaciones precedentes, la PBE es la aplicación de la mejor evidencia (prueba) científica encontrada para la emisión de una recomendación clínica en conjunto con la experiencia y raciocinio clínico y las preferencias o situaciones individuales de los pacientes.

fisioterapia y rehabilitacion  Aquí vale la pena mencionar que todas las profesiones de la salud están orientadas hacia la PBE, y que la fisioterapia, como profesión nueva (al menos en México), ha adquirido el carácter de ciencia gracias a la PBE, ya que sin ella seguiría siendo solamente un arte. Infortunadamente, debido al desconocimiento de algunos profesionales en salud del funcionamiento del cuerpo humano y del efecto fisiológico de cada uno de los métodos realizados durante la intervención, se ha llevado como vicio frecuente el volver rutina y/o dieta cada uno de los procesos terapéuticos, de tal manera que en la evolución natural de la profesión (siempre dirigida por la PBE), muchos terapeutas han mantenido el carácter de arte, descuidando al de ciencia (de nuevo, a la PBE).

Por otra parte, si bien la PBE debe ser manejada como una guía práctica, no debe descartarse dos cosas básicas: en primer lugar, la experiencia clínica efectiva, eficiente y eficaz del profesional en salud (la experiencia no la da un año de haberse titulado); en segundo lugar, debe entenderse al individuo como un ser integral con una biología similar, pero distinta, y que su estado de salud es influido por factores individuales y únicos.

Por tal motivo, los hallazgos de la PBE no son aplicables a todas las condiciones, como si se tratase de una receta de cocina (y aún las recetas de cocina son modificadas en base a la experiencia del cocinero y al contexto de sus comensales), debemos recordar que la PBE es la orientación a un abordaje terapéutico, no el “reglamento oficial” de procesos en una franquicia de hamburguesas. La PBE debe conjugarse con el criterio del especialista, el cual se determinará por el contexto particular de cada paciente. El abordaje terapéutico no es una receta, es una integración de conocimientos razonados a la luz de la evidencia.

De manera adicional, uno de los pilares de la PBE es el derecho a la opinión y preferencia del paciente, como ya se ha mencionado. En este punto debe recalcarse que para la PBE el paciente no sólo es un ente biológico, sino un sujeto integral con identidad propia, de tal manera que aspectos como la educación, la idiosincrasia, la etnia y aún sus preferencias religiosas son características que deben y serán tomadas en cuanta durante los programas de tratamiento.

Finalmente, la PBE debe orientarse por la investigación científica, y esta, de acuerdo con textos publicados NO SE HACE AL AZAR. Esto quiere decir que un buen experimento debe planearse considerando, en primer lugar, las posibles variables que afecten el resultado, y a partir de ellas establecer controles oportunos y apropiados. Una buena experimentación se debe hacer sistemática, planificada y orientada, no es investigación científica aquella que se realiza “para ver que nos sale”.9090689_m

En conclusión, la PBE no es hacer una práctica a forma de “receta de cocina” o de un paradigma para cortar el presupuesto o para desdeñar la experiencia médica o las preferencias de los pacientes, tampoco consiste en bombardear al paciente con cuanto aparato y técnica se dispongan, y mucho menos implementar dosificaciones de tipo dieta de supermercado (esto es en realidad un terrible error de la práctica que además involucra severos problemas éticos, de los que se hablará en subsecuentes comunicaciones). La PBE es, por el contrario, toda recomendación clínica final a un paciente o problema en salud, basada en la mejor información científica disponible. No es una tarea fácil, pero se ha demostrado indudablemente que su efecto benéfico sobrepasa las vicisitudes de no llevarlo a cabo.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s